Llego con retraso esta semana a mi cita con el diario, pero como más vale tarde que nunca me pongo al turrón con ganas e ilusión..........
Poco contenido esta semana anterior, debido, a que hemos trabajo con esfuerzo y dedicación en una nueva presentación acerca de varias iniciativas o documentos, relacionados con las políticas culturales que tratan de orientar desde diferentes instituciones públicas en el marco internacional (UNESCO, Consejo Europeo, Unión Europea y la agenda 21 de la cultura). Quiero añadir que previo a ponernos a pencar en estas presentaciones, Carles nos introdujo de alguna manera en las diferentes instituciones públicas que desarrollan políticas culturales o que se encargan de fomentarlas y financiarlas. Las que todos conocemos, ministerio de cultura, conselleria, ayuntamientos etc, etc, etc.....
Nosotros hemos trabajado el documento de la agenda 21, tampoco me quiero meter a explicar de que va cada iniciativa, creo que ha quedado muy claro hoy en la exposición de cada uno, si acaso, me gustaría reflexionar acerca de estos documentos e iniciativas, que si bien sobre el papel son todas "represiosas", a la hora de aplicarlas cambia el asunto. No sería justo decir que no se aplica ni una letra de dichos documentos, pero si cabría decir que la cultura tristemente ha pasado a un segundo lugar a no ser que nos refiramos a que aplicar políticas culturales es favorecer a la industria cultural, que hace sus buenos dineritos a costa de imponer los modelos culturales que les interesa y ensanchar así sus cuentas de beneficios.
No quiero ser el cenizo o el que tiene siempre una visión crítica de las cosas, pero francamente, el estado de las cosas nos hace ser pesimistas con la administración pública y los políticos que la dirigen. No se entiende, que siendo capaces de construir iniciativas tan interesantes y que podrían ser tan útiles para un mejor desarrollo de la sociedad, no den el siguiente paso de aplicarlas, por que venderlas nos las saben vender muy bien para ponerse la medalla.
Es en este punto, en el que hemos transmitido desde el grupo de trabajo una visión crítica acerca de la aplicación de estos documentos donde Carles no ha compartido nuestra opinión. Me hubiese gustado que la clase hubiese participado, aunque fuese brevemente en la cuestión y haber creado un "microdebate" (por llamarlo de alguna manera), para saber en que punto crítico nos encontramos como futuros animadores culturales (Gracias Silvia, siempre se puede contar contigo para echar un capote en ese sentido jajaja).
Entiendo la visión de Carles de tratar de ver las cosas desde un prisma más positivo, pero creo que la realidad manda, que estas iniciativas cuando son creadas, se hacen desde una función pública al servicio de las personas y que por supuesto su creación genera un coste. Se puede gestionar todo de mejor manera para sacar provecho a iniciativas estupendas sin que queden en una declaración de intenciones y una justificación pública de los sillones que ocupan. ¿Forzar a las demás instituciones a que las realizen? Quizás no, pero ¿Motivar? ¿Por qué no? ¿Acaso no intervienen en otro tipo de cuestiones? Dudas sin resolver que quizás, solo quizás nos pueda resolver el bueno de Iker Jiménez...
Desde luego que mi apuesta para el futuro es fomentar la iniciativa privada desde el movimiento asociativo, cuanto más lejos mejor de instituciones públicas que metan mano en los contenidos y en la independencia de las propias organizaciones.
Bueno, que no me enrollo más, que me gustaría agradecer a mis compañeros de trabajo el esfuerzo realizado, la implicación y el grado de compenetración que hemos llegado a alcanzar, a pesar de que me gustaría que hubiese salido todavía mejor, personalmente creo que el resultado ha sido cojonudo, un placer trabajar con ustedes mozos.
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